
La primera vez que celebré Halloween tenía diez años y cada vez que se abría una puerta, mis acompañantes -ocho mocosos con máscaras de personajes de Disney- deben haberme mentado la madre. "¿Qué es eso?", nos preguntaban intentando descifrar el anglicismo que les gritábamos a todo pulmón. Y yo, que era una especie de capitana del grupo, tenía que explicar mil veces que era una fiesta gringa y que por estar disfrazados tenían que regalarnos caramelos. Claro, mis ánimos se fueron al infierno cuando una tía me espetó con un billete de mil intis en la mano: "Ah, ¿quieres plata? Toma."
Los tiempos han cambiado en la última década y media, ¿no? Ahora tooooooodo el mundo sabe qué demonios es Halloween, sobretodo la gente de estratos pobres, que invade los barrios residenciales con sus niños para conseguir golosinas gratis. ¿No les parece triste? A mí me jode ver a estas almitas con máscaras de cartón dando vueltas por el barrio sanborjino en el que viví mientras por la vereda del frente tocan timbres los querubines rubios del vecindario, vestidos de princesas glamorosas y de espadachines con sombrero y pluma auténtica.
Si yo hubiera sido mi madre quizás me hubiera explicado que celebrar Halloween es una estupidez, como dice Bartola. Pero a fin de cuentas mi madre tuvo razón en algo: ¿de qué demonios iba a servir que me prohibiera salir disfrazada a la calle? De nada. Por eso entiendo a los padres de ahora, que al ver los ojitos de ilusión de sus hijos, no tienen corazón para decirles: "déjate de huachaferías oye, agarra el cajón que yo toco las cucharas". No pues. Tal vez pase, como conmigo, que al crecer nos llega al chopin el Halloween y preferimos mil veces pasar el 31 cantando a gritos que "no me importa más nada que verte sólo mío, mi propiedad privaaaaaaaaaaaaada".
De pura chiripa encontré una discusión sobre este asunto en esta página. Caray, cuánta razón tienen con eso de que nos apropiamos de lo extranjero pero que acabamos moldeándolo a nuestra talla. Y tal vez es verdad que con el Halloween la adopción ha sido tan rápida que no hemos tenido tiempo de peruanizarlo. No sé, pero ahora esto de disfrazarme me resulta patético, gritar "jalouiiiiiiiiiiiiiiin" se me hace ridículo, pero es aún más ridículo prohibirlo, como han hecho en Ecuador. Al fin y al cabo, se supone que en el Perú han aumentado las exportaciones de caramelos gracias a la estampida consumista en que ha degenerado esta fiesta celta. Bah, lo mismo pasa también con la navidad.

4 comentarios:
quince años? Oe, yo salí de jalohuin por únicas veces los años 86 y 87, por Pueblo Libre, y hasta donde recuerdo todo el mundo sabía de qué se trataba. Varios nos mandaban a la mierda, claro, pero a sabiendas.
Ojalá me hubieran dado mil intis en esa época...
Yo nunca salí a pedir jalogüin de chica porque mi mamá sí me lo prohibió, era demasiado católica para permitirme celebrar el día de las brujas. Más bien me contaba horribles historias de niños sacrificados en el día de jalugüin o de dulces envenenados, informaciones obtenidas de los papelitos que repartían durante la misa del domingo anterior al 31.
Lo que consiguió con eso es traumarme, no tanto por las terroríficas historias sino por la frustración de no poder salir a conseguir caramelos gratis.
Ahora que soy más grandecita prefiero celebrar la canción criolla, aunque ayer terminé bailando reggaetón...
Vaya, mi sobrino de 6 años se pone su mascara de hombre-araña y sale x las puertas pidiendo golosinas, eso es mucho mas inspirador. Ver la felicidad de un niño importa mas que tocar el cajon o escribir. Buen Punto.
Chinasklauzz
Me haz hecho recordar que solo un año - supongo que a los 10 - me disfracé; de qué ni me acuerdo; pero sí recuerdo que chillé hasta el hartazgo para que mi mami me de permiso - se supone que todos mis amigos celebraban Halloween año tras año - hasta que harta de mi ser jodido me dijo: Ya ps.
El detalle: mi mami es autodenominada : "Seguidora secular de los Testigos de Jehova"; y mi hermano es Testigo de Jehova; osea que me entró la etapa reflexiva de chiibolo además entre mi agnosticismo - claro de chibolo solo sabía que no creía en dios - y mi anti imperialismo gringo nacido de quien sabe donde porque mis lindos abuelitos han seguido la tradición desde que llegaron a tierras liberteñas de derecha y luego pro yankee; pero en fin.
Si los chibolos quieren arrepentirse de algo como me arrepiento de haber escuchado y bailado Salserín pues que les quede el recuerdo jajaja
Publicar un comentario